HISTORIA DEL TABACO (CIGARROS )
El nombre tabaco, para denominar a la misma planta, es explicado por uno de los primeros cronistas americanos, el padre Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, quien en su obra “Historia general de las Indias” (Sevilla 1535) relata: “entre otras costumbres reprobables los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de una cierta clase de humo a lo que llaman “tabaco” para producir un estado de estupor”...”algunos absorben el humo por medio de una caña hueca, eso es lo que los indios llaman “tabaco” y no a la hierba”.
Colón, afirman algunos cronistas, quedó sorprendido por aquellas costumbres, pues los indígenas la practicaban en ciertas ceremonias y no como una costumbre cotidiana y de placer, sino que se realizaban en ceremonias de paz y de purificación del espíritu, pues para ellos el uso del tabaco poseía poderes mágicos y agradaba a los dioses. El tabaco era considerado como panacea, ya que se utilizaba como un fármaco para combatir el asma, fiebres, convulsiones, trastornos intestinales o nerviosos, y también mordeduras de animales.
Hacia 1560 el tabaco era ya conocido en España y Portugal. En este último país, para esos años, se encontraba como embajador de Francia el caballero Jean Nicot, quien se interesó por la exótica planta. Cuando el mencionado embajador regresó a su país, llevó consigo hojas de tabaco para obsequiárselas a la reina Catalina de Medicis por lo que se la llamó “hierba de la reina”, “Nicotiana” o “hierba del embajador”.
En 1584 uno de los más célebres aventureros, Sir Walter Raleigh, fundó en América del Norte la colonia de Virginia y adquirió de los indígenas la costumbre de fumar en pipa. Personalmente fue el propio dicos de la época “consideraban esta costumbre tan repugnante como dañina para la salud y para el cerebro, peligrosa para los pulmones”.
En otras naciones como Japón, Rusia, China, Turquía, se pasó de la sanción moral a medidas más drásticas. El sultán Murad IV mandó a ejecutar a numerosos fumadores. En 1638 las autoridades chinas amenazaban con decapitar a todo el que traficase con tabaco.
En el siglo XVIII apareció la moda del rapé. Algunos médicos lo acostumbraban a recetar como terapéutica contra el malestar de cabeza y también pare detener hemorragias.
Federico I fundó el “Tabaco collegion” que era frecuentado por altos dignatarios de la corte, donde se fumaba guardando una severa etiqueta.
En la segunda quincena de abril de 1778 e “estudio preliminar de Dais y Ripodas Ardanaz” dice: Zarpan de Cádiz rumbo a Montevideo, en las fragatas Carmen y Aurora, los integrantes de la que bien puede llamarse Expedición del tabaco”; su misión era difundir el consumo del tabaco para la conservación de la salud pero no menos útil para las arcas de la Real hacienda. Su difusión fue importante en las provincias del norte, provincias conocidas como “Coqueras”.
La reina Victoria tenía una fuerte aversión contra los fumadores y se establecieron una serie de ordenanzas prohibiendo fumar a los integrantes del ejercito real. En Berlín las autoridades prohibían fumar en espacios públicos, estas ordenanzas tuvieron vigencia hasta mediados del siglo XIX.
En 1828 dos científicos que trabajaban en la Universidad de Heilderberg, Posser y Reimann, consiguieron aislar un alcaloide de la planta de tabaco y a propuesta de Guisa bautizaron su descubrimiento con el nombre de Nicotina en honor del embajador francés Jean Nicot.
En este punto de la historia hizo su aparición el cigarrillo definido por ese entonces como: tabaco picado rodeado de fino papel. Este producto hechizó a pueblos como el francés y el inglés, aunque se sostiene que su patria de origen fue España, donde lo denominaban “pitillo”. A partir de esta transformación el cigarrillo empezó a fumarse en todo el mundo.
En el siglo XX, y durante la primera guerra mundial, aumentó en forma notable el hábito de fumar y en especial la costumbre de consumir cigarrillos. El comandante en jefe de las tropas norteamericanas cablegrafió a Washington el siguiente texto: “el tabaco es tan indispensable como la ración diaria: necesitamos miles de toneladas de él sin demora”.
Estas palabras son lo suficientemente demostrativas para alarmarnos sobre el signo distorsionante bajo el cual nació este siglo que, envuelto en plena conflagración mundial, reclamaba al tabaco en un plano de necesidad similar al de los alimentos.
En nuestro país, estudios realizados en 1992 y 1994 en varones ingresantes al servicio militar arrojó que de un 32% a un 44% eran fumadores habituales.
El estudio realizado por la Dra. Paola Morello en la Ciudad de Buenos Aires, publicado en el 2001, analiza datos de las encuestas realizadas a 3.909 alumnos de escuelas públicas y privadas de 7º a 9º año. De este estudio se desprende que el 29% de los alumnos varones y el 32% de mujeres son fumadores habituales. el fumador tuvo asociación positiva con amigos fumadores, y más del 50% de los encuestados manifestaron actitudes positivas hacia el fumar y tener la intención de continuar fumando el próximo año.
En el año 2000, el Lic. Bolzán y el Dr. Peleteiro, realizaron un estudio transversal con el objetivo de identificar la prevalencia del tabaquismo y factores de riesgo de ser fumadores entre adolescentes. Incluyó 2.386 escolares de todos los establecimientos del Municipio de la Costa de la provincia de Buenos Aires.
La prevalencia en el hábito de fumar se consideró en los últimos 30 días y fue de 13,9% promedio ,incrementándose desde 6,8% en el séptimo año a 23% en el noveno.
La edad media de inicio del consumo fue de 11,7 años y los factores de riesgo más significativos fueron los amigos o el mejor amigo del fumador.
EL TABACO EN LA HISTORIA
Dicen que el tabaco, la nicotina y sobretodo los cigarrillos son adictivos... Ciertamente este libro lo es: por su amenidad, el sentido del humor, sus anécdotas, su acertada organización, la excelente redacción, la buena calidad de la investigación llevada a cabo... En fin, nos encontramos ante un auténtico placer sustitutivo -decía Oscar Wilde que los 'vicios' no se extinguen, sino que se sustituyen: pues bien, este libro puede ser un buen sustituto al automatizado hábito del fumar.
Su autor, un fumador confeso desde la primera línea del estudio -en la solapa aparece sazonado por los efluvios de un habano-, parece haberse planteado la redacción del libro para contestarse una pregunta: ¿cómo se la llegado a una situación en la que el fumar está mal visto, e incluso empieza a ser perseguido? Y para ayudarse a responder a esta cuestión, se plantea otra pregunta: ¿cuales son los orígenes del fumar, o sea: por qué fumamos? Dotado de una innata habilidad para la escritura, el autor toma sobre sus espaldas la responsabilidad de despejar estas incógnitas, y lo hace con una facilidad tan pasmosa que hace olvidar al lector la ingente cantidad de trabajo que se esconde tras la elaboración de este estudio.
Empezaremos con un capítulo dedicado a los orígenes del fumar en América, donde los chamanes lo usaban como una más de las plantas que se valían para entrar en trance, mientras que los nativos norteamericanos lo empleaban para sellar pactos -introduciéndolo de forma ritual en sus famosas pipas. Al llegar los europeos al continente americano la planta de la nicotina se abre paso con habilidad para traspasar los mares: pronto llegan los primeras semillas, que son saludadas como una curiosidad que puede tener intereses medicinales, aunque no sin despertar cierta polémica. Con el paso del tiempo, los ingleses adoptan la costumbre de quemarlo en sus queridas pipas; los franceses, más elegantes, se deciden por el rapé (el tabaco pulverizado para esnifar); mientras que los españoles se decantan por el cigarro. Después de décadas de establecimiento de colonias de cultivadores de tabaco en Norteamérica, los nuevos norteamericanos se deciden en masa por el tabaco de mascar. La planta, un buen estimulante mental, con propiedades supresoras del apetito y tranquilizantes -al menos para aquellos habituados a fumar-, se extiende de forma democrática allí donde los europeos ponen el pie en su insaciable adicción a vagar por el mundo.
Todo esto hasta llegar de forma trepidante al siglo XX, que con su capacidad industrial y mecánica hace un regalo envenado a la cultura de la ingestión de nicotina: el cigarrillo. Lo que hasta el momento había sido un mal menor -envolver el tabaco en papel-, se convierte en la virtud de la nueva industria tabaquera de los EE.UU.: se patentan unas ingeniosas máquinas capaces de producir cigarrillos de forma masiva y automática. Esto, junto a otro de los subproductos de la técnica, la publicidad, convierte al elegante acto de fumar cigarrillos en un hábito más que democrático: lo convierte en algo ubicuo. Por si fuera poco, se inventa el filtro para los cigarrillos, hecho nada más y nada menos que de un material que irónicamente también resultó ser dañino para la salud pulmonar. Con esto quedan desplazadas las formas de fumar más o menos civilizadas, como el puro o la pipa, o el mambear tabaco como si hojas de coca se tratara, o inhalarlo en forma de rapé.
En definitiva, un libro tan adictivo como el tabaco, que proporciona tanto placer como el mismo, tolerante como el fumar en pipa, y tan humorístico y divertido como la cannabis. Posibles efectos secundarios: unos de plantea alejarse del serrín embuchado en cigarrillos, y pasarse a otras formas de consumo más ancestrales! Incluye también un manual para el cultivo, secado y curado de tabaco (todo en el jardín de casa).
HISTORIA DE LOS PUROS
En 1492, los pobladores de la Isla conocían y empleaban la planta de tabaco y nombraban “cohiba” al rustico rollo de la solanácea. Desde entonces, el tabaco es destinado a su elaboración es muy especial. Un día de 1966, Cohiba sorprendió al mundo, haciéndose famoso rápidamente. En 1982, que apareció en lo mercados. Ya era el más codiciado del mundo. Siendo la primera marca de habanos, resume una historia cargada de misterio, dedicación y placer. El Cohiba no se produce en grandes cantidades, ya que es un habano muy selecto, muy limitado por la calidad de la cosecha, haciendo de que se mantenga en la cúspide y siga siendo: “El habano que todos desean fumar”.
Características:
Su tabaco proviene de Vegas finas seleccionadas de Vuelta Abajo (Pinar del Río), muchos fumadores aseguran que sólo por el aroma ya se pude reconocer un Cohiba, y esto es muy probable, ya que reciben lo mejor de lo mejor, y que se le destinan las capas más finas. Un Cohiba es lo máximo que se puede hacer con el tabaco, y prueba de ello es que generalmente obtienen las puntuaciones máximas en las degustaciones.
Mercado:
Esta marca se comercializa en España, Francia, Suiza, Gran Bretaña, Benelux, Hong Kong, México, Argentina, Alemania, Canadá, Brasil, el Caribe, África y Oriente Medio.
En 1848, el español Antonio Allones se estableció en La Habana, en el negocio del tabaco. Cuatro décadas más tarde, en 1882, siendo un importante tabaquero, registro un cigarro muy especial, elaborado con hojas de Vuelta Abajo, al que distinguió con el nombre: “El Rey del Mundo”, y en verdad por su calidad, era merecedor de este nombre. En 1905, Allones traspasó su empresa a la sociedad Díaz y Hermanos, que mas tarde se convirtió en El Rey del Mundo Cigar Co., siendo actualmente una de las fabricas más prestigiosas de la industria. Romeo y Julieta. En la actualidad El Rey del Mundo, figura ente los habanos más conocidos y codiciados por fumadores experimentados.
Características:
El tabaco que se utiliza para su fabricación proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río). Son habanos de sabor y aroma medios, con una fortaleza muy bien equilibrada, siendo por esto muy valorados y buscados por los auténticos aficionados.
Mercado:
Se comercializa en España, México, Argentina, Brasil, el Caribe y Canadá.
Historia:
En una fabrica de tabacos torcidos a mano, ubicada en Quivicán, un pueblito de La Habana, el español, Don Francisco Foncesa, registró en 1907 la marca con su propio apellido. Fonseca era una marca conocida y apreciada por la calidad y presencia de sus habanos. Cuando falleció Don Francisco Fonseca en 1930, la marca atravesaba su mejor momento, y su viuda, Doña Teresa Boetticher, continuó al frente de la empresa, hasta que finalmente decidió unir la marca Fonseca a los talleres de T. Castañeda y G. Montero, surgiendo de esa unión la firma Castañeda, Montero, Fonseca, S. A.
Características:
Su tabaco proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río), Fonseca, además de su calidad, es el único habano que se presenta en el mercado envuelto en un fino y transparente papel de seda, detalle distintivo de esta marca.
Mercado:
Se comercializa principalmente en España y Canadá.
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En Octubre de 1844, por primera vez los fumadores tuvieron noticias de una de las marcas mas prestigiosas de habanos de todos los tiempos, que ha superado las expectativas soñadas por sus propios creadores, los hermanos alemanes Herman y August Hupmann, quienes en 1843 se instalaron en La Habana. H. Upmann, surge a partir de la H de hermanos (la primera letra de la palabra en español) y del apellido Hupmann, al cual le eliminaron la H para evitar repeticiones. En 1922 la marca paso a ser propiedad de la compañía inglesa Frankau, S. A., en 1936, Frankau, S. A., vende la fábrica a la Sociedad Menéndez García y Cía., con quien recupera el esplendor que estaba perdiendo.
Características:
El tabaco con que se fabrican estos cigarros proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río), esta marca esta muy arraigada entre los fumadores muy especiales, a los que les gusta el tabaco muy fuerte, su capa madura acentúa su sabor y su aroma, dándoles un toque entre dulce y picante. Actualmente es una de las marcas de habanos más apreciadas.
Mercado:
Se comercializa en España, Canadá, Gran Bretaña, Extremo Oriente, Suiza, México, África y Oriente Medio.




