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La Coctelera

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29 Abril 2007

HISTORIA DEL TABACO (CIGARROS )

El nombre tabaco, para denominar a la misma planta, es explicado por uno de los primeros cronistas americanos, el padre Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, quien en su obra “Historia general de las Indias” (Sevilla 1535) relata: “entre otras costumbres reprobables los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de una cierta clase de humo a lo que llaman “tabaco” para producir un estado de estupor”...”algunos absorben el humo por medio de una caña hueca, eso es lo que los indios llaman “tabaco” y no a la hierba”.

Colón, afirman algunos cronistas, quedó sorprendido por aquellas costumbres, pues los indígenas la practicaban en ciertas ceremonias y no como una costumbre cotidiana y de placer, sino que se realizaban en ceremonias de paz y de purificación del espíritu, pues para ellos el uso del tabaco poseía poderes mágicos y agradaba a los dioses. El tabaco era considerado como panacea, ya que se utilizaba como un fármaco para combatir el asma, fiebres, convulsiones, trastornos intestinales o nerviosos, y también mordeduras de animales.

Hacia 1560 el tabaco era ya conocido en España y Portugal. En este último país, para esos años, se encontraba como embajador de Francia el caballero Jean Nicot, quien se interesó por la exótica planta. Cuando el mencionado embajador regresó a su país, llevó consigo hojas de tabaco para obsequiárselas a la reina Catalina de Medicis por lo que se la llamó “hierba de la reina”, “Nicotiana” o “hierba del embajador”.

En 1584 uno de los más célebres aventureros, Sir Walter Raleigh, fundó en América del Norte la colonia de Virginia y adquirió de los indígenas la costumbre de fumar en pipa. Personalmente fue el propio dicos de la época “consideraban esta costumbre tan repugnante como dañina para la salud y para el cerebro, peligrosa para los pulmones”.

En otras naciones como Japón, Rusia, China, Turquía, se pasó de la sanción moral a medidas más drásticas. El sultán Murad IV mandó a ejecutar a numerosos fumadores. En 1638 las autoridades chinas amenazaban con decapitar a todo el que traficase con tabaco.

En el siglo XVIII apareció la moda del rapé. Algunos médicos lo acostumbraban a recetar como terapéutica contra el malestar de cabeza y también pare detener hemorragias.

Federico I fundó el “Tabaco collegion” que era frecuentado por altos dignatarios de la corte, donde se fumaba guardando una severa etiqueta.

En la segunda quincena de abril de 1778 e “estudio preliminar de Dais y Ripodas Ardanaz” dice: Zarpan de Cádiz rumbo a Montevideo, en las fragatas Carmen y Aurora, los integrantes de la que bien puede llamarse Expedición del tabaco”; su misión era difundir el consumo del tabaco para la conservación de la salud pero no menos útil para las arcas de la Real hacienda. Su difusión fue importante en las provincias del norte, provincias conocidas como “Coqueras”.

La reina Victoria tenía una fuerte aversión contra los fumadores y se establecieron una serie de ordenanzas prohibiendo fumar a los integrantes del ejercito real. En Berlín las autoridades prohibían fumar en espacios públicos, estas ordenanzas tuvieron vigencia hasta mediados del siglo XIX.

En 1828 dos científicos que trabajaban en la Universidad de Heilderberg, Posser y Reimann, consiguieron aislar un alcaloide de la planta de tabaco y a propuesta de Guisa bautizaron su descubrimiento con el nombre de Nicotina en honor del embajador francés Jean Nicot.

En este punto de la historia hizo su aparición el cigarrillo definido por ese entonces como: tabaco picado rodeado de fino papel. Este producto hechizó a pueblos como el francés y el inglés, aunque se sostiene que su patria de origen fue España, donde lo denominaban “pitillo”. A partir de esta transformación el cigarrillo empezó a fumarse en todo el mundo.

En el siglo XX, y durante la primera guerra mundial, aumentó en forma notable el hábito de fumar y en especial la costumbre de consumir cigarrillos. El comandante en jefe de las tropas norteamericanas cablegrafió a Washington el siguiente texto: “el tabaco es tan indispensable como la ración diaria: necesitamos miles de toneladas de él sin demora”.

Estas palabras son lo suficientemente demostrativas para alarmarnos sobre el signo distorsionante bajo el cual nació este siglo que, envuelto en plena conflagración mundial, reclamaba al tabaco en un plano de necesidad similar al de los alimentos.

En nuestro país, estudios realizados en 1992 y 1994 en varones ingresantes al servicio militar arrojó que de un 32% a un 44% eran fumadores habituales.

El estudio realizado por la Dra. Paola Morello en la Ciudad de Buenos Aires, publicado en el 2001, analiza datos de las encuestas realizadas a 3.909 alumnos de escuelas públicas y privadas de 7º a 9º año. De este estudio se desprende que el 29% de los alumnos varones y el 32% de mujeres son fumadores habituales. el fumador tuvo asociación positiva con amigos fumadores, y más del 50% de los encuestados manifestaron actitudes positivas hacia el fumar y tener la intención de continuar fumando el próximo año.

En el año 2000, el Lic. Bolzán y el Dr. Peleteiro, realizaron un estudio transversal con el objetivo de identificar la prevalencia del tabaquismo y factores de riesgo de ser fumadores entre adolescentes. Incluyó 2.386 escolares de todos los establecimientos del Municipio de la Costa de la provincia de Buenos Aires.

La prevalencia en el hábito de fumar se consideró en los últimos 30 días y fue de 13,9% promedio ,incrementándose desde 6,8% en el séptimo año a 23% en el noveno.

La edad media de inicio del consumo fue de 11,7 años y los factores de riesgo más significativos fueron los amigos o el mejor amigo del fumador.
EL TABACO EN LA HISTORIA

"Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mugeres y hombres, con un tizón en la mano, (y) yervas para tomar sus sahumerios que acostumbravan. No hallaron poblaçión por el camino de más de çinco casas, y todos les hazían el mismo acatamiento. Vieron muchas maneras de árboles, yervas y flores odoríferas. La tierra muy fértil y muy labrada de aquellos mames y faxoes y hadas muy diversas de las nuestras, eso mismo panizo y mucha cantidad de algodón cogido y filado y obrado; y que en una sola casa avían visto más de quinientas arrovas y que se pudiera aver allí cada año cuatro mill quintales.

Dize el Almirante que le pareçia que no lo sembravan y que da fruto todo el año; es muy fino, tiene el capillo grande. Todo lo que aquella gente tenía diz que dava por muy vil preçio y que una gran espuerta de algodón dava por cabo de agujeta o otra cosa que le dé. Son gente, dize el Almirante, muy sin mal ni de guerra, desnudos todos, hombres y mugeres, como sus madres los parió. Verdad es que las mugeres traen una cosa de algodón solamente, tan grande que le cobija su natura y no más. Y son ellas de muy buen acatamiento ni muy negro (s) salvo menos que canarias".

Así es como Rodrigo de Jerez, uno de los marinos que acompañó al Almirante Colón en su primer viaje a América y quien introdujo el hábito de fumar en España y en muchos otros países, relató lo que más tarde se consagraría como el gran hallazgo del tabaco.

Pero el hombre ha fumado desde mucho antes de que fuera descubierto por los españoles. En las comunidades primitivas, el descubrimiento del fuego supuso un importante medio de evolución espiritual. Y cuando un día descubrieron que ese humo que respiraban provocaba en ellos un estado de consciencia desconocido y placentero, hicieron del fumar una necesidad que no tardó en convertirse en rito. La costumbre había nacido.

Los primeros que usaron las hojas de tabaco para fumarlas fueron los mayas hace mil quinientos años. Su legado de peculiares tallas y grabados demuestran cómo este pueblo centroamericano dio al fumar un carácter religioso y ceremonial. Imágenes como sacerdotes fumando en actitud de adoración al sol, auguraron el éxito de un cultivo que, sin duda, revolucionó la vida en el campo.

Algunos pueblos de la América precolombina no sólo emplearon el tabaco con fines rituales, sino que llegó a ser utilizado como remedio curativo. Y es que los nativos mayas estaban convencidos de que la enfermedad era producida por un mal espíritu que se apoderaba o habitaba en el enfermo, y sólo podía ser expulsado de él mediante el humo del tabaco.

Dos especies diferentes en estado silvestre se cosechaban en este Nuevo Continente: la Nicotiana Rústica, cuyo cultivo tenía lugar en México, el este de América y Canadá, que consistía en una hoja estrecha con un alto contenido de nicotina y tan amarga que se fumaba en pipa, lo que dio lugar a la famosa pipa de la paz ; y la Nicotiana Tabacum, alta, ancha y mucho más suave que la anterior.

A finales del siglo XII, los aztecas invadieron el territorio maya y asimilaron la costumbre de fumar tabaco. Sin embargo, dieron al fumar un carácter más social que religioso, ya que lo más importante se centró únicamente en la magnificencia y el refinamiento de los utensilios de fumar. Los aztecas conservaron la costumbre hasta la llegada de los españoles a principios del siglo XVI.

LA LLEGADA DEL TABACO AL VIEJO MUNDO

Cuando el tabaco fue descubierto por dos marinos españoles que, cumpliendo ordenes de Colón, exploraban el interior de la isla de Cuba, hacía ya un mes que la Pinta, la Niña y la Santa María habían tocado tierra. Fueron las playas de San Salvador el escenario del gran hallazgo del tabaco. Cuando los dos marinos llegaron a la orilla, los nativos les recibieron con frutas, jabalinas de madera y ciertas "hojas secas que desprendían una peculiar fragancia".

Fue uno de estos dos marinos, Rodrigo de Jerez, quien a su vuelta a España no dudó en introducir la costumbre de fumar tabaco, por lo que tuvo que pagar un alto precio: la Inquisición lo encarceló por practicar algo pecaminoso e infernal.

Sin embargo, el hábito se puso de moda y en el siglo XVI el fumar había sido adquirido por todo tipo de clases sociales, distinguiendo la pipa entre las más elevadas y el rollo de hojas como precursor del cigarro puro, entre las más populares. Al principio, fueron los frailes en las huertas cerradas de sus conventos los más entusiastas plantadores de tabaco, quienes lo utilizaban con fines ornamentales y medicinales. Así, el hecho de que el tabaco se cultivara preferentemente en estos lugares cerrados, llevó más tarde a dar el nombre de estancos a los comercios donde debía venderse.

En este paseo por la historia no hay que olvidar dos curiosas anécdotas que sin duda contribuyeron a la expansión del tabaco y que tuvieron lugar en Francia e Inglaterra. La primera de ellas tiene por protagonista al embajador francés Jean Nicot, cuya buena acción puso de moda el fumar. La Reina Catalina de Médicis, quien sufría fuertes jaquecas, hizo caso al ilustre cuando le recomendó que lo tomara aspirándolo por la nariz. Los dolores desaparecieron y el rumor hizo que el tabaco, como remedio curativo, se extendiera por toda Francia y el resto de Europa. Cuando el botánico sueco Linneo publicó su Species Plantorum, no dudó en elegir el nombre Nicotiana Tabacum en homenaje al embajador.

La segunda anécdota llega de la mano de los primeros navegantes ingleses, que bajo las ordenes de Sir Walter Raleigh, exploraron las costas orientales de Norteamérica. Su descubrimiento fue el estado de Virginia, que dio nombre al tipo de tabaco allí cultivado, y el cual no tardó en introducirse en la Inglaterra de la reina Isabel I. Años después, el tabaco se convirtió en la base económica de las colonias inglesas de la metrópoli. Y así es como los grandes viajes marítimos de los siglos XVI, XVII y XVIII alrededor del mundo contribuyeron a llevar el tabaco y el hábito de fumarlo hasta las costas de Asia, África y Oceanía. Su culminación tuvo por protagonista al siglo XIX, en plena efervescencia del movimiento romántico. A partir de ahí, el tabaco no tardó en convertirse en el más revolucionario de los fenómenos sociales.

EL TABACO EN ESPAÑA

Aparte de lo ya dicho sobre la introducción del tabaco por Rodrigo de Jerez, fueron los cronistas españoles los verdaderos transmisores de lo que hoy en día puede denominarse como la historia del tabaco en España. Crónicas como las de Fernández Oviedo y De las Casas, entre otros, contribuyeron a extender su conocimiento y uso entre los europeos indianos y continentales.

"Tomaban el aliento y humo para sí una y dos y tres y mas vezes hasta que quedaban sin sentido gran espacio o adormidos de un grande y muy pesado sueño (...) E aquel instrumento con que toman el humo llaman los Indios Tabaco, y no a la yerva o sueño que les toma. Pero esta yerva tenían los indios por cosa muy preciada y la crían en las haciendas y heredamientos de sus amos (…) porque dicen que cuando dejan de trabajar y toman el tabaco, se les quita el cansancio. Sé que algunos cristianos lo usan, en especial algunos que están tocados por el mal de las bubas, porque dicen los tales que aquel tiempo que están así transportados no sienten los dolores de su enfermedad."

En un principio el tabaco llegaba a España de los indígenas, pero debido a la gran demanda nacional que existió en nuestro país a partir de la segunda mitad del siglo XVI, comenzó a llegar de la mano de los colonos.

El desarrollo del tabaco comenzó en la marinería, para extenderse después a los sectores marginales y grupos sociales de rentas muy bajas. Sin embargo, la evolución del hábito de fumar tabaco dio lugar a que los grupos de rentas más altas se apropiaran de esta práctica, produciéndose así un aumento del consumo que no escapó a la sutileza de Hacienda. Poco a poco, esta abrumadora expansión del tabaco hizo que los gobiernos vieran la posibilidad de un gran negocio. El aumento del consumo provocó una mayor fabricación y venta, lo que obligó a sustituir la fabricación artesanal por la industrial, y se fue creando un comercio internacional que, hoy en día, sigue teniendo mucha importancia.

A principios del s. XVII (1620) empieza a funcionar en Sevilla la primera fábrica de tabacos española bajo el nombre de La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, que se convertiría en la mayor construcción industrial del mundo. A Sevilla le sigue, por orden cronológico, la Fábrica de Cádiz.

En ellas se comenzó elaborando polvo de tabaco, muy apreciado en toda Europa, y más tarde cigarros puros hechos con hojas producidas de nuestras colonias de ultramar. La gran influencia de las fábricas españolas no disminuyó cuando, bastantes años después de su puesta en funcionamiento lo hicieran otras francesas, alemanas o italianas. Más tarde, en el año 1717, un real Decreto de la Corona de España dio lugar a la fundación de la primera fábrica de tabaco en Cuba, la Real Factoría de La Habana, implantando así un régimen de monopolio para la naciente industria cubana.

A lo largo del siglo XVIII, los precios del tabaco se dispararon, lo que contribuyó a un aumento de la presión fiscal y a un acercamiento del fumar hacia los grupos adinerados. El tabaco de humo (sin previa elaboración) quedaba destinado entonces al resto de la sociedad, y el consumo de rapé (tabaco aspirado) se convertía en el mayor ritual costumbrista y social de Europa propio de las sociedades burguesas y aristocráticas.

Pero a finales de este siglo se produjo un cambio en los hábitos de consumo de tabaco. De nuevo, los grupos sociales con más renta acabaron por apropiarse del tabaco de humo, hasta entonces considerado como mercancía marginal, por lo que Sevilla se lanzó a la confección del cigarro puro, abandonando cada vez más el rapé. Poco después se unirían a esta producción las factorías de Madrid, Alicante, La Coruña, San Sebastián y Bilbao, lo que hizo del cigarrillo el gran protagonista del nuevo panorama social.

Desde finales del siglo XIX y comienzos del presente, el cigarrillo ostenta ya una primerísima posición en el mercado. Y mientras el abaratamiento y la masificación de la producción contribuye a que todas las clases sociales tengan un fácil acceso al tabaco, las formas antiguas de tomarlo van quedando relegadas al pintoresquismo y la rareza curiosa. No hay duda de que el fumar se ha convertido en un hecho universal.

DEL MONOPOLIO ESTATAL A LA POLÍTICA AGRÍCOLA COMÚN

El siglo XIX estuvo caracterizado por un incremento del consumo de tabaco paralelo al crecimiento de la población y de la renta. La difusión del tabaco se hizo palpable en las zonas rurales, así como el incipiente proceso de la urbe. La industria tradicional, sumamente inelástica al depender del monopolio estatal, que estaba más preocupado por la caída de la recaudación fiscal que por adecuarse a los mecanismos del mercado, provocó el aumento de los costes de producción al sustituir la mano de obra por las máquinas.

La solución fue la privatización de la gestión que se llevó a cabo en 1887 y por lo que, mediante el arrendamiento del estanco, se mejoró la gestión y se redujeron los costes de producción, obteniéndose así rápidos beneficios durante el primer tercio del siglo XX.

Cuando España perdió sus colonias en 1898, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se produjo el bloqueo de la importación de tecnologías extranjeras y de materias primas que procedían del imperio insular, por lo que se potenciaron los productos de bajo coste final (picaduras y cigarrillos) y se abandonó la importación de maquinaria extranjera para utilizar nuestra tecnología y materia prima.

En 1940 se construyeron centros de fermentación que van a estar reglamentados y controlados por el Servicio Nacional de Cultivo y Fermentación de Tabaco. Todo esto contribuyó a una mayor rapidez en la producción que duró desde el final de la posguerra hasta el final de la dictadura. Pero la creciente demanda exigió acudir a mercados extranjeros para dotar a nuestra industria de más calidad y nuevos tipos.

Finalmente, fueron las décadas de los sesenta y setenta las que dieron el empujón final a la industria española. El crecimiento del tabaco en nuestro país era uno de los más elevados del mundo y España empezaba a convertirse en zona privilegiada. Andalucía, Levante, Extremadura y la zona centro peninsular se presentaban como las grandes zonas españolas de mayor producción de tabaco.

Con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986, la industria española de tabaco pasó del tradicional monopolio estatal a asumir las directrices de la Política Agrícola Común. Esta variación supuso importantes cambios institucionales que, sin duda, han alterado la estructura económica del sector. A pesar de todo, la influencia de España continúa siendo importante

Dicen que el tabaco, la nicotina y sobretodo los cigarrillos son adictivos... Ciertamente este libro lo es: por su amenidad, el sentido del humor, sus anécdotas, su acertada organización, la excelente redacción, la buena calidad de la investigación llevada a cabo... En fin, nos encontramos ante un auténtico placer sustitutivo -decía Oscar Wilde que los 'vicios' no se extinguen, sino que se sustituyen: pues bien, este libro puede ser un buen sustituto al automatizado hábito del fumar.

Su autor, un fumador confeso desde la primera línea del estudio -en la solapa aparece sazonado por los efluvios de un habano-, parece haberse planteado la redacción del libro para contestarse una pregunta: ¿cómo se la llegado a una situación en la que el fumar está mal visto, e incluso empieza a ser perseguido? Y para ayudarse a responder a esta cuestión, se plantea otra pregunta: ¿cuales son los orígenes del fumar, o sea: por qué fumamos? Dotado de una innata habilidad para la escritura, el autor toma sobre sus espaldas la responsabilidad de despejar estas incógnitas, y lo hace con una facilidad tan pasmosa que hace olvidar al lector la ingente cantidad de trabajo que se esconde tras la elaboración de este estudio.

Empezaremos con un capítulo dedicado a los orígenes del fumar en América, donde los chamanes lo usaban como una más de las plantas que se valían para entrar en trance, mientras que los nativos norteamericanos lo empleaban para sellar pactos -introduciéndolo de forma ritual en sus famosas pipas. Al llegar los europeos al continente americano la planta de la nicotina se abre paso con habilidad para traspasar los mares: pronto llegan los primeras semillas, que son saludadas como una curiosidad que puede tener intereses medicinales, aunque no sin despertar cierta polémica. Con el paso del tiempo, los ingleses adoptan la costumbre de quemarlo en sus queridas pipas; los franceses, más elegantes, se deciden por el rapé (el tabaco pulverizado para esnifar); mientras que los españoles se decantan por el cigarro. Después de décadas de establecimiento de colonias de cultivadores de tabaco en Norteamérica, los nuevos norteamericanos se deciden en masa por el tabaco de mascar. La planta, un buen estimulante mental, con propiedades supresoras del apetito y tranquilizantes -al menos para aquellos habituados a fumar-, se extiende de forma democrática allí donde los europeos ponen el pie en su insaciable adicción a vagar por el mundo.

Todo esto hasta llegar de forma trepidante al siglo XX, que con su capacidad industrial y mecánica hace un regalo envenado a la cultura de la ingestión de nicotina: el cigarrillo. Lo que hasta el momento había sido un mal menor -envolver el tabaco en papel-, se convierte en la virtud de la nueva industria tabaquera de los EE.UU.: se patentan unas ingeniosas máquinas capaces de producir cigarrillos de forma masiva y automática. Esto, junto a otro de los subproductos de la técnica, la publicidad, convierte al elegante acto de fumar cigarrillos en un hábito más que democrático: lo convierte en algo ubicuo. Por si fuera poco, se inventa el filtro para los cigarrillos, hecho nada más y nada menos que de un material que irónicamente también resultó ser dañino para la salud pulmonar. Con esto quedan desplazadas las formas de fumar más o menos civilizadas, como el puro o la pipa, o el mambear tabaco como si hojas de coca se tratara, o inhalarlo en forma de rapé.
En definitiva, un libro tan adictivo como el tabaco, que proporciona tanto placer como el mismo, tolerante como el fumar en pipa, y tan humorístico y divertido como la cannabis. Posibles efectos secundarios: unos de plantea alejarse del serrín embuchado en cigarrillos, y pasarse a otras formas de consumo más ancestrales! Incluye también un manual para el cultivo, secado y curado de tabaco (todo en el jardín de casa).
HISTORIA DE LOS PUROS
En 1492, los pobladores de la Isla conocían y empleaban la planta de tabaco y nombraban “cohiba” al rustico rollo de la solanácea. Desde entonces, el tabaco es destinado a su elaboración es muy especial. Un día de 1966, Cohiba sorprendió al mundo, haciéndose famoso rápidamente. En 1982, que apareció en lo mercados. Ya era el más codiciado del mundo. Siendo la primera marca de habanos, resume una historia cargada de misterio, dedicación y placer. El Cohiba no se produce en grandes cantidades, ya que es un habano muy selecto, muy limitado por la calidad de la cosecha, haciendo de que se mantenga en la cúspide y siga siendo: “El habano que todos desean fumar”.
Características:

Su tabaco proviene de Vegas finas seleccionadas de Vuelta Abajo (Pinar del Río), muchos fumadores aseguran que sólo por el aroma ya se pude reconocer un Cohiba, y esto es muy probable, ya que reciben lo mejor de lo mejor, y que se le destinan las capas más finas. Un Cohiba es lo máximo que se puede hacer con el tabaco, y prueba de ello es que generalmente obtienen las puntuaciones máximas en las degustaciones.
Mercado:

Esta marca se comercializa en España, Francia, Suiza, Gran Bretaña, Benelux, Hong Kong, México, Argentina, Alemania, Canadá, Brasil, el Caribe, África y Oriente Medio.
En 1848, el español Antonio Allones se estableció en La Habana, en el negocio del tabaco. Cuatro décadas más tarde, en 1882, siendo un importante tabaquero, registro un cigarro muy especial, elaborado con hojas de Vuelta Abajo, al que distinguió con el nombre: “El Rey del Mundo”, y en verdad por su calidad, era merecedor de este nombre. En 1905, Allones traspasó su empresa a la sociedad Díaz y Hermanos, que mas tarde se convirtió en El Rey del Mundo Cigar Co., siendo actualmente una de las fabricas más prestigiosas de la industria. Romeo y Julieta. En la actualidad El Rey del Mundo, figura ente los habanos más conocidos y codiciados por fumadores experimentados.
Características:

El tabaco que se utiliza para su fabricación proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río). Son habanos de sabor y aroma medios, con una fortaleza muy bien equilibrada, siendo por esto muy valorados y buscados por los auténticos aficionados.
Mercado:

Se comercializa en España, México, Argentina, Brasil, el Caribe y Canadá.
Historia:
En una fabrica de tabacos torcidos a mano, ubicada en Quivicán, un pueblito de La Habana, el español, Don Francisco Foncesa, registró en 1907 la marca con su propio apellido. Fonseca era una marca conocida y apreciada por la calidad y presencia de sus habanos. Cuando falleció Don Francisco Fonseca en 1930, la marca atravesaba su mejor momento, y su viuda, Doña Teresa Boetticher, continuó al frente de la empresa, hasta que finalmente decidió unir la marca Fonseca a los talleres de T. Castañeda y G. Montero, surgiendo de esa unión la firma Castañeda, Montero, Fonseca, S. A.
Características:

Su tabaco proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río), Fonseca, además de su calidad, es el único habano que se presenta en el mercado envuelto en un fino y transparente papel de seda, detalle distintivo de esta marca.
Mercado:

Se comercializa principalmente en España y Canadá.

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En Octubre de 1844, por primera vez los fumadores tuvieron noticias de una de las marcas mas prestigiosas de habanos de todos los tiempos, que ha superado las expectativas soñadas por sus propios creadores, los hermanos alemanes Herman y August Hupmann, quienes en 1843 se instalaron en La Habana. H. Upmann, surge a partir de la H de hermanos (la primera letra de la palabra en español) y del apellido Hupmann, al cual le eliminaron la H para evitar repeticiones. En 1922 la marca paso a ser propiedad de la compañía inglesa Frankau, S. A., en 1936, Frankau, S. A., vende la fábrica a la Sociedad Menéndez García y Cía., con quien recupera el esplendor que estaba perdiendo.
Características:

El tabaco con que se fabrican estos cigarros proviene de Vuelta Abajo (Pinar del Río), esta marca esta muy arraigada entre los fumadores muy especiales, a los que les gusta el tabaco muy fuerte, su capa madura acentúa su sabor y su aroma, dándoles un toque entre dulce y picante. Actualmente es una de las marcas de habanos más apreciadas.
Mercado:

Se comercializa en España, Canadá, Gran Bretaña, Extremo Oriente, Suiza, México, África y Oriente Medio.

Tags: tabaco

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