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3 Octubre 2007

CARLOS SLIM EL HOMBRE MAS EICO DEL MUNDO Y ES MEXICANO

El 'ingeniero' ojea ensimismado el catálogo de la próxima subasta de
Christie's en Nueva York. Pinturas, mobiliario del siglo XIX, una
extensa colección de porcelana, ropa, joyas y recuerdos de la gran
pantalla saldrán a remate a precios que oscilan entre 200 y 500.000
dólares. No será una subasta cualquiera, porque estará en venta una
buena parte del legado de la actriz María Félix, la belleza más
deslumbrante que ha dado el cine mexicano, fallecida en abril de 2002.
"Están baratos los precios", comenta el ingeniero a su asistente, sin
levantar la vista de las páginas del catálogo. "Permítanme un
instante", dice a modo de disculpa, mientras el fotógrafo acomoda las
luces. El ingeniero, así le llaman sus colaboradores, es Carlos Slim
Helú, de 67 años, descendiente de libaneses que emigraron a México,
padre de tres mujeres y tres varones, licenciado en Ingeniería por la
UNAM, dueño del mayor imperio económico de México y segundo hombre más
rico del mundo, según la revista Forbes. Gran coleccionista de pintura
y escultura, el rey de las telecomunicaciones exhibe su patrimonio
artístico en el Museo Soumaya, en la ciudad de México, que alberga la
segunda colección más importante del mundo fuera de Francia del
escultor Auguste Rodin. El despacho principal de Slim está en la sede
del grupo financiero Inbursa, en la parte alta de la ciudad. En este
edificio de escaleras y paredes de mármol descansa una réplica de La
Piedad, de Miguel Ángel, que tiene la bendición del Vaticano y la
certificación de la Casa Buonarroti. Hay también una amplia sala de
exposiciones, donde abunda la pintura latinoamericana y europea. En la
planta noble del edificio, dos esculturas, bronce con pátina, de Rodin,
La eterna primavera. La vigilancia policial es ostensible, pero no
apabullante.
Preside el despacho del ingeniero un cuadro del paisajista
estadounidense Conrad Wise Chapman. Sentado en su dominio, en mangas de
camisa, con las iniciales bordadas, corbata verde y un puro Cohiba
Lanceros en la mano. A su lado, Arturo Elías Ayub, el yerno que actúa
como portavoz del imperio desde el cargo de director de comunicación
social del Grupo Carso (Car, de Carlos, y So, de su esposa, Soumaya,
fallecida en 1999). Así nos recibe el hombre más poderoso, dicen en
México, amigo de ricos y famosos del mundo entero, y que en la lista de
multimillonarios de Forbes figura cada día más cerca del primero, el
estadounidense Bill Gates, dueño de Microsoft. Slim ocupaba el año
pasado el tercer lugar, pero el valor de sus múltiples empresas aumenta
a tal velocidad en los mercados que algunas publicaciones le sitúan
incluso en el primer puesto.
Su imperio se reparte entre
telecomunicaciones, comercio, infraestructura y banca; da empleo
directo a 220.000 personas e indirecto a medio millón, aporta el 6,3%
del PIB de México y tiene un valor estimado superior a los 53.000
millones de dólares, en un país con la mitad de la población en el
umbral de la pobreza. Ni sus peores adversarios dudan de su olfato para
los negocios, condición que ha cultivado desde muy joven. Las críticas
contra el magnate asoman cuando se hace un repaso a la hegemonía
apabullante que ostenta en el sector de las telecomunicaciones.
Es
el amo y señor de la telefonía en México, fija y móvil, y controla una
importante cuota de los mercados en América Latina. Sus competidores lo
tienen difícil para hacerle sombra, y se quejan de que abusa de las
prácticas monopolistas con la condescendencia de los organismos
reguladores, desde que compró Teléfonos de México (Telmex), la
gigantesca compañía estatal privatizada a comienzos de los noventa.
En
los últimos años, Slim ha mostrado especial interés en la filantropía
sin abandonar los negocios. A través de sus dos fundaciones y tres
institutos para la salud, la educación y el deporte, ha financiado
200.000 operaciones quirúrgicas, 70.000 gafas, 150.000 becas y ha
donado 95.000 bicicletas. Se ha comprometido a invertir hasta 10.000
millones de dólares en los próximos cuatro años en proyectos
filantrópicos.
"Da lo mismo", contesta Carlos Slim a la pregunta
de si le gustaría ser el más rico del planeta. "Cuando se pone uno a
competir para ganar la carrera de 100 metros o el maratón, puede tener
algún sentido tratar de ganar la medalla de oro, pero esto no es
ninguna competición. La actividad empresarial es una vocación. Es
estimulante ver cómo las cosas, los planes, los objetivos empresariales
se van cumpliendo".
¿Cómo empezó a ganar dinero?
Pues el que me daba mi papá los domingos. Ése fue el primer dinero.
Digamos en el mundo de los negocios.
El
primero fue ahorrando e invirtiendo desde niño. Yo tenía inversiones
desde pequeño. No era dinero de mi trabajo, era del domingo, pero a los
12 años ya tenía mis primeras inversiones. Empresarialmente, empecé
hace 42 años, en 1965 establecí varias empresas: Constructora Carso,
una mina de cobre, una embotelladora de refrescos, inmuebles, promoción
de viviendas, esta casa de Bolsa Inbursa... Tenía seis o siete empresas.
¿Su verdadero despegue económico se produjo con la privatización de Teléfonos de México (Telmex)?
No,
yo lo situaría diez años antes de la compra de Telmex. Por un lado, con
una inversión industrial en 1981, en una empresa de tabacos, Cigatam,
que generó un gran flujo de dinero y nos permitió invertir en otras
cosas. Fabricábamos Marlboro y otras marcas. Los negocios de cigarros
han dado siempre muchos dividendos, y en nuestro caso los reinvertimos,
pues esta empresa lleva pagando importantes dividendos desde hace 26
años. Cuando vino la crisis de la deuda de 1982 fuimos los únicos que
invertíamos. Compramos algunas empresas al 1,5% del valor contable.
O sea, que la crisis de la deuda les benefició.
Creo
que la crisis de la deuda afectó a todo el mundo. Lo que ocurrió es que
también vino la nacionalización bancaria, que generó desconfianza y
provocó la huida de capitales. Muchas empresas extranjeras vendieron
sus operaciones nacionales. Entonces, nosotros compramos e invertimos,
yo diría que mexicanizamos seis o siete empresas, desde fábricas de
aluminio hasta llantas, química, Sanborns. El valor de las empresas
cayó en picado. Por ejemplo, lo que es hoy Wal-Mart valía 77 millones
de dólares en 1982, y lo que es hoy Cementos Mexicanos (Cemex) valía 26
millones de dólares. En aquella época hicimos las grandes inversiones.
Comprábamos por nada paquetes de acciones importantes. Eran buenos
tiempos para comprar barato. Echamos a andar estas empresas y
posteriormente revendimos algunas.
El 100% de British American
Tobacco, líder del sector, le costó a Slim cinco millones de dólares, y
la vendió por 40 millones. En 1984 compró un paquete importante de
acciones de Bancomer (hoy BBVA) por 55 millones de dólares al contado,
que incluía la compañía de seguros Bancomer. Luego decidió vender.
Previamente, en 1981 había creado el fondo de inversión Inbursa, del
que habla con orgullo: "Desde su fundación hasta 1990 nunca bajó el
valor de las acciones, excepto en septiembre de 1992. En estos 26 años,
su rendimiento anual compuesto en dólares ha sido del 22,4%. No todo es
Telmex".
No todo es Telmex, porque el imperio de Carlos Slim
incluye un conglomerado de intereses en numerosos sectores, como
finanzas, ferrocarriles, cadenas de centros comerciales, minas,
componentes industriales, cigarrillos e infraestructuras (carreteras y
plataformas petrolíferas). Pero es en las telecomunicaciones -telefonía
fija (Telmex), móvil (América Móvil) e Internet (Prodigy)- donde Slim
es el líder.
"Lo importante es que una empresa como América
Móvil, que hace 15 años valía cero, ha tenido un desarrollo formidable.
Es una empresa que ha crecido al 66% durante 16 años, a base de
adquisición de operaciones iniciales para su desarrollo, y de
concesiones y licencias para poder operar. El año pasado, uno de cada
dos latinoamericanos tenía un teléfono móvil, y este año, dos de cada
tres. En algunos países de Latinoamérica tenemos una penetración
semejante a la de Estados Unidos".
¿Qué es para usted la competencia?
Un estímulo.
¿Y usted está a favor de la competencia?
Claro.
Lo hace uno mejor. Imagínese que no tuviéramos competencia. No
habríamos salido de México. Cuando Telefónica vino aquí, decidimos
salir fuera. Lástima que no nos dejaron entrar en España.
Si
es un defensor de la libre competencia, ¿por qué le acusan de lo
contrario, no sólo sus competidores, sino también organismos
internacionales como el Banco Mundial y la OCDE?

Los
organismos internacionales empujan para que las empresas de los países
desarrollados controlen los mercados. Claro, son manejados por ellas.
¿El Banco Mundial, por ejemplo?
Es
el mejor ejemplo. ¿Quién pone al presidente del Banco Mundial? ¿Cuándo
ha visto a un mexicanito o un latinoamericano de presidente del Banco
Mundial? Por otra parte, los ataques arrecian cuando vienen etapas de
competencia. Entre 1991 y 1996, en México había monopolio en el
servicio de larga distancia, y nadie lo criticaba. En 1997 entró la
competencia, empezó la crítica y llovieron las demandas. Hoy vuelve la
crítica porque viene la convergencia tecnológica, y, a diferencia de lo
que pasa en el mundo, quieren que Telmex en México se atrase en
desarrollo tecnológico. Estamos entrando en toda América Latina como
terceros o cuartos operadores. Telefónica se ha fusionado con Bell
South y no objetamos la fusión, y se fue al 70% en Perú, al 50% en
Chile y al 50% en Argentina, y no dijimos nada. Ahora bien, ¿qué pasa
en México? Dicen los organismos internacionales que México es el más
caro de la OCDE. Pregúntele a Telefónica o a Merrill Lynch si es verdad.
Bueno, usted controla la inmensa mayoría del mercado.
No.
Fíjese que esto es muy interesante. Tenemos el 90% de las líneas fijas,
que es el 25% del total de líneas. Pero del segmento A tenemos el 48%,
es decir, que a nuestros competidores no les interesan los sectores B,
C, D y E. Obviamente, ahí no tenemos el 48%, sino el 100%. Si Telmex ha
invertido en los 15 o 10 años que llevamos en el negocio 1.500, 2.000 o
2.500 millones de dólares al año y el otro invierte 100, es normal que
seamos más fuertes. Es como si Wal-Mart invierte 1.000 millones de
dólares al año y otra tienda invierte 50 millones, o El Corte Inglés
invierte 1.000, y el otro, 100. ¿Cuál va a ser más grande?
Según
la Procuraduría Federal del Consumidor de México, Telmex es la empresa
contra la que hubo más quejas en 2006, más de 8.000.

Debe ser cierto.
Y Radio Móvil Dipsa, que es Telcel, su empresa de telefonía móvil, ocupa el cuarto lugar en la lista de quejas.
Hay
que ver las demandas en relación con el número de clientes. Ocho mil
quejas son muy poquitas para 19 millones de clientes. Lo que hay que
ver no es cuántas quejas hay, sino si se resuelven satisfactoriamente.
Sin contar sus empresas, ¿qué opina de los monopolios en México?
¿Monopolios?
Pueden ser carteles, pero no monopolios. Puede que existan a escala
mundial, pero no en México. Si no hay oferta, ni inversión y los
precios son altos, es fatal. Si hay oferta sustancial y el precio es
bajo, ¿cuál es el efecto negativo de que haya tres o cuatro empresas?
Es muy difícil pensar, aun con la globalización, que en ciertos países
haya más de tres competidores.
Estamos hablando de México, que
no es precisamente una nación pequeña. ¿Le parece beneficioso para la
economía del país la posición de dominio absoluto de Cemex, que
controla más del 80% del mercado cementero, o de Televisa y TV Azteca,
que se reparten el 95% de las concesiones de televisión?

Lo
nocivo de los oligopolios es que impongan, basándose en eso,
condiciones de inversión, precio, servicio o de alternativa. Puede que
haya dos empresas que compitan muy duramente y que ofrezcan gran
variedad de productos a sus clientes. Y puede que en otro país haya
ocho empresas, que el servicio sea carísimo, que no haya oferta y no
sirvan para nada. No me gusta generalizar. Por ejemplo, en el sector
del automóvil de Estados Unidos hay General Motors, Ford y Chrysler,
tres empresas.
¿En el caso de la televisión, que haya sólo dos consorcios no es nocivo?
Que
haya dos, tres o cinco es malo en función de que no dé suficiente
apertura. Pero la tecnología actual, con la convergencia digital,
permitirá miles de canales. Entonces ya no habrá este problema. Lo
importante son los precios y los servicios.
¿Su proyecto de vida para los próximos años es la filantropía?
Mi
proyecto de vida del pasado reciente y del futuro es tratar de buscar
que haya mejor salud, mejor educación y mejor empleo en Latinoamérica.
Estamos convencidos de que la pobreza no se combate con proyectos de
caridad y asistencia. Se han regalado trillones de dólares en los
últimos 50 años, con perdón de deuda, alimentos, medicinas, donaciones
y más donaciones. Se han dolarizado miles de ONG, muchos seminarios,
hay especialistas en filantropía, en captación de recursos... Y la
pobreza sigue existiendo. En cambio, sí se ha resuelto la pobreza en
muchos países, sobre todo en Asia y Europa, a través del desarrollo
económico. China e India sacan a millones de la pobreza a base de
trabajo y educación. Ustedes, los españoles, estaban peor que nosotros
relativamente hace 25 años. La única forma es con salud, educación y
empleo. A eso nos vamos a dedicar.
A lo largo de la entrevista,
Slim habla por el interfono con su secretaria o con alguno de sus
ayudantes para solicitar un determinado documento y preguntar algún
dato. "Dame las hojas de la Clinton Initiative de la reunión de
septiembre". Empieza a leer. "Es el análisis que hago de la pobreza. La
mejor forma de enfrentar la pobreza es a través de inversión,
educación, desarrollo y empleo. La caridad, los donativos, Santa Claus,
alivian, pero sólo temporalmente". Al hablar de su filosofía para
combatir la pobreza aparece uno de sus ejemplos más recurrentes: "Ya no
hay que enseñar a pescar, como dice el... Hay que enseñar a pescar,
pero si sólo enseñas a pescar, la gente vive en el autoconsumo. Hay que
enseñar a comercializar el pescado, para que puedan intercambiarlo por
otros bienes. Por ejemplo, en China, una buena parte de la población
vive en el autoconsumo, igual que en nuestros países que viven en la
marginación".
Es fácil estar de acuerdo en más y mejor educación, salud y empleo. La cuestión es cómo lograrlo.
Hay
actividades que se pueden resolver con rentabilidad, y otras que
necesitan el apoyo de nuestras fundaciones. En cultura, salud y
educación, las fundaciones juegan el papel principal. Pero para el
empleo, el planteamiento que hacemos tiene varias direcciones. Una es
inversión en infraestructura. Así como invertimos en telefonía y
telecomunicaciones, hay que invertir en carreteras, agua, electricidad,
puertos, aeropuertos. Vivienda e infraestructura turística, que dan
mucho empleo.
¿Estos proyectos de infraestructura serían a
través de su empresa Impulsora del Desarrollo y el Empleo en América
Latina (IDEAL)?

Sí. En IDEAL ya logramos una cosa: que mucha
gente mire hacia Latinoamérica para invertir en infraestructuras.
España está en cabeza. Los fondos mundiales, los bancos, los inversores
poseen condiciones para que cualquier proyecto interesante y viable
tenga recursos. Debemos aprovechar la coyuntura mundial de abundancia
de financiación a largo plazo y bajos tipos de interés para hacer todo
lo necesario.
Eso le permitirá también hacer buenos negocios.
No
me interesa. Es probable. Ojalá. Porque si hacemos buenos negocios,
quiere decir que todo el mundo entrará de cabeza y se hará toda la
infraestructura que sea necesaria. Hemos donado el 29% de las acciones
de IDEAL a la Fundación Carso.
¿A cuánto asciende la inversión que usted dedica a proyectos filantrópicos?
No
pongo límite. Las fundaciones Carso, Telmex y del Centro Histórico de
la Ciudad de México valen 5.000 millones de dólares. Todo lo que
invirtamos en infraestructura tiene que ser rentable, sin duda. En
salud y educación hay partes rentables y otras que no lo son.
Acaba
de presentar en Nueva York la iniciativa contra la pobreza del ex
presidente Bill Clinton y el magnate minero canadiense Frank Giustra.

Es
interesante. Clinton tiene mucho aprecio a Latinoamérica y ahora está
haciendo la operación más grande aquí. Espero que sea la primera de
muchas otras en esta región. Vamos a empezar con cien millones de
dólares.
¿Tiene también un proyecto de cobertura inalámbrica gratuita de grandes ciudades?
Hemos
comprado a un proveedor chino para hacer una banda para conectividad
rural. Mira, lo que la población necesita son servicios integrados: de
voz, vídeo, datos. Los mejores servicios, a los mejores precios, en las
mejores condiciones. Y cada quien va a comprar lo que le dé la gana. Y
no le importa si viene por aire, fibra óptica, cobre o coaxial. Lo que
le interesa es el buen servicio. El consumidor tendrá opciones de todo
tipo. Y esto permitirá que haya más creadores de contenidos. Así como
hubo cine experimental, puede haber televisión experimental.
Hablemos
un poco de política. ¿Consideró usted en algún momento que Andrés
Manuel López Obrador, el candidato de izquierdas, podía llegar a ser
presidente de México?

A nosotros en los procesos electorales
lo que nos interesa es el sistema democrático. Lo más importante para
un país es la solidez de sus instituciones. Creo que los paradigmas de
la nueva civilización son democracia, pluralidad, libertad,
creatividad, innovación, diversidad, derechos humanos, medio ambiente,
competencia, globalización, productividad. A López Obrador lo traté
porque tanto él como el presidente Fox me invitaron a presidir el
comité ejecutivo del centro histórico, una gran experiencia. Fue la
misma fórmula: una fundación para levantar el nivel socio-económico de
las personas que viven en el centro histórico de la ciudad de México,
que se había deteriorado mucho. Y por otro lado, una sociedad que con
fines mercantiles compre inmuebles en el centro histórico, los restaure
y los venda. Esta sociedad colocó unos bonos convertibles a tasa de
interés cero. El capital de la sociedad es de 45 millones de dólares,
yo tengo un porcentaje menor. Ahí, tanto el Gobierno federal como el de
López Obrador tuvieron un papel muy importante. Arreglaron las calles,
se puso nueva policía y mejoró la seguridad. Gente que encuentra que es
muy caro vivir en otros barrios se está trasladando al centro.
¿Se entendió bien con López Obrador?
Tuvimos
cuatro o cinco reuniones. El proyecto del centro histórico fue el mayor
evento de concurrencia, coincidencia y cordialidad entre Fox y López
Obrador que yo haya visto.
¿Qué opinión le merece la idea de López Obrador para acabar con la pobreza?
¿Qué plantea para acabar con la pobreza?
Ya sabe usted, primero los pobres y atacar los privilegios de los ricos.
Estoy
convencido de que la marginación económica, social y educativa y la
desnutrición son obstáculos al desarrollo. No es sólo un problema ético
y moral. Es también una necesidad económica. Tenemos que incorporar a
toda esa gente marginada a la sociedad de la economía, a la modernidad.
Esta nueva civilización se sustenta en el bienestar de los demás. Sí
creo que los pobres tienen que ser una prioridad.
¿Cómo va su relación con Felipe González?
Bien, muy bien.
¿Cuál es su vinculación con el ex presidente español?
Amistad.
¿De trabajo nada?
A veces hemos dado conferencias juntos.
¿No es su asesor en temas políticos? ¿En el Acuerdo de Chapultepec, por ejemplo?
Yo
le pregunté a todo el mundo. Claro que Felipe opinó. Durante varios
meses presenté el proyecto a mucha gente. Coordiné el proyecto. Lo
conocieron otros gobernantes de México y de otros países. Seguro que
hay aportaciones de Felipe, y también de las conversaciones que tuvimos
ambos.
Es un acuerdo que ha quedado bastante diluido, ¿no le parece?
No,
no. El acuerdo contiene cinco puntos: seguridad jurídica, seguridad
física, crecimiento económico sostenible, capital humano y capital
físico? ¿Qué está haciendo el presidente Calderón? Lo suscribió. El
proyecto de IDEAL y de las fundaciones es precisamente éste: capital
humano y capital físico.
¿Hay algún sueño que no haya hecho realidad?
Desarrollo y empleo.
¿Algo personal?
Eso es personal. Es el reto y el compromiso que tengo.
¿Dejará los negocios para dedicarse a la filantropía a tiempo completo?
Bueno,
siempre anda uno de metiche, más o menos. Van ligados. Por ejemplo, las
fundaciones no pueden actuar fuera de México. Todo lo que hagamos fuera
tendrá que ser con fondos de fuera.

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